¿Cómo Puedo Prosperar Si Tengo Diabetes?

Una de las cosas que comúnmente resalta cuando hablo con personas diagnosticadas con la diabetes tipo 2, es el sentido de culpa y vergüenza. Oigo frases como, “Es mi culpa. Sabía que tenía que perder peso, no lo hice y aquí estoy. Soy diabética”. O, “Me siento avergonzado. Soy diabético. Es un castigo por no cuidarme todos estos años”.

Antes que nada quiero dejar en claro que una persona no es su enfermedad. Una persona tiene un diagnóstico de diabetes pero no es diabética. ¿Cuándo le has oído a alguien decir—”Soy canceroso”? Te ruego no te describas como diabético o diabética. Te ruego consideres tus palabras con cuidado.

Nuestro cerebro es poderoso. Nuestra forma de pensar impacta nuestros sentimientos y nuestra salud. Por lo tanto, cuando te describas a ti mismo, usa palabras que te dan poder, en vez de palabras que te desaniman.

Si sentir vergüenza te ha ayudado a seguir tu plan de alimentación, actividad física y medicamento, pues adelante. El caso es que la mayoría no nos ponemos en marcha cuando sentimos vergüenza. Nos acobardamos, nos escondemos, pero pocas veces cambiamos las costumbres que están relacionadas con nuestra salud. Si tú eres una de esas personas que sintió vergüenza y se puso en marcha y mejoró su salud, por favor responde a este blog y comparte tu experiencia. Puede que esto le sirve de ayuda a otra persona. Pero te apuesto que no triunfaste diciéndote cosas feas, sino que triunfaste con cambios positivos.

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Una de mis pacientes compartió que cuando la diagnosticaron se sintió triste y avergonzada, pero no sorprendida. Hacía meses que sus pruebas de laboratorio indicaban que tenía prediabetes. En su familia varias personas tenían diabetes y ya conocía las señales y los síntomas.

—Me sentí mal, triste. Llore. Y al cabo de unos días decidí que tenía que pedirme perdón y tenía que perdonarme. Hasta no perdonarme no iba a poder dar el primer paso hacia la salud. Creo que esto del perdón viene de mi fe. Me crie católica y recuerdo lo bien que me sentía cuando pedía perdón por algo. Eso sí, antes de pedir perdón, sentía vergüenza. Me acuerdo de esa sensación tan incómoda. La vergüenza es incomoda, es absorbente. Das el primer paso: sinceramente pides perdón y prometes tratar de cambiar. A continuación recibes el perdón y te sientes libre. Vuelves a empezar.

Eso hice con mi salud. Me pedí perdón a mí misma. En mi mente me vi como una niña pequeña. Ya estaba gordita porque en mi casa comíamos mucho. Le di un abrazo a esa niñita. Ella no tenía culpa de que la genética y las costumbres alimenticias de su familia la ponían en riesgo para la diabetes. A continuación me vi como adolescente, con las dudas y los temores que tenía a esa edad. Por aquel entonces ya sentía vergüenza porque no me gustaba mi cuerpo. Le di un abrazo a esa joven. Y así, me vi en las distintas etapas de mi vida. En cada etapa, le daba un abrazo a ese ser, a esa Yo. Cuando llegue a la mujer de hoy en día, me perdone las faltas y los errores. Me dije que de ahí en adelante iba a tratar de enfocar las cosas de otra manera. Quedé conmigo misma en dar el primer paso. La vergüenza dio paso al perdón. El perdón dio paso a la esperanza.

Para no olvidarme de cómo me sentí en ese momento, pegue una foto de cuando era niña en el espejo del baño. Ahora, si me siento desanimada, veo esa foto en el espejo y le doy un abrazo mental a esa niña. Me doy un abrazo a mí misma. Me vuelvo a perdonar. Comienzo de Nuevo.

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Todos sabemos lo que es sentir vergüenza. Y a todos nos han perdonado algo en nuestra vida. ¿Qué tal si de aquí en adelante, cuando nos sentimos desanimados, nos acordamos de cuando éramos niños y nos tratamos con ternura? ¿Qué tal si extendemos esa ternura hacia nuestro ser de hoy? ¿Qué tal si nos perdonamos las faltas y nos animamos a seguir adelante?

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About Maria

Latina RN MPH CDE
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